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Alfonso Torres Carrillo
Profesor Universidad Pedagógica Nacional.

Pensemos en voz alta algunas reflexiones sobre la potencialidad de la innovación educativa y pedagógica, como estrategia para la transformación de la institución escolar heredada del proyecto colonial y moderno, la cual requiere ser alterada para que contribuya a la formación de sujetos y sujetas autónomas con voluntad y capacidad para transformar nuestras sociedades en un horizonte democrático y de justicia económica, social y cultural. también cuando se incorpora un nuevo recurso tecnológico a la didáctica de una disciplina (por ejemplo, el e-learning) o se hace una modificación curricular. Si bajo la misma expresión, cabe un amplio abanico de posibilidades de acción educativa, es necesario ir más allá y preguntarnos sobre los sentidos, metodologías y alcances de dichas innovaciones. Por ello, la cuestión de la innovación ya no puede limitarse al qué se innova, sino que debe incorporar otras como por qué y para qué se innova, así como por el cómo y con quienes se innova. En cuanto a los propósitos (y alcances) de la innovación, se puede ir desde el realizar “mejoras” en alguno de los elementos del sistema escolar para optimizarlo, hasta generar iniciativas que lo transformen, pasando por toda una gama de posibilidades intermedias que lo “alteren” en alguno de sus componentes o en su conjunto. En el primer caso, la innovación cuestiona lo educativo y le plantea nuevos sentidos; se trata solo de una optimización del sistema, haciéndolo más eficiente; en términos de Lampedusa, “Que todo cambie, para que todo siga igual” (Giuseppe Tomasi di Lampedusa en la novela “El Gatopardo”).

Otras innovaciones surgen frente a un problema o una inconformidad de los sujetos educativos (generalmente de los profesores) frente a un rasgo o elemento de la escuela o por la incorporación de nuevos sentidos (valores, ideas) o contextos que desafían la institución educativa; estamos pensando en casos como el de los maestros que evidencian la distancia entre el plan de estudio y la realidad de los estudiantes e incorporan la investigación del contexto local en la enseñanza de las ciencias sociales; o en colectivos de maestros que incorporan una perspectiva ambiental a la enseñanza de las ciencias naturales o a las directivas que se proponen incorporar creativamente los desafíos de la construcción de paz en la institución. Estas innovaciones modifican parcialmente la vida escolar y crean espacios de acción y reflexión pedagógica que pueden servir de referencia para otras comunidades educativas que detecten problemas similares o se identifiquen con las nuevas orientaciones pedagógicas. En un tercer caso, las razones y motivaciones que mueven a innovar pueden ser más profundas, inspiradas en la crítica a aspectos estructurales de la institución escolar o a la adquisición de sentidos alternativos a la educación.

Puede ser el caso de equipos de Maestros-PRO que a partir del cuestionamiento de la fragmentación y parcelación curricular, construyen proyectos pedagógicos integrados; también el de profesores que quieren transformar las relaciones verticales y autoritarias prevalecientes en la cultura escolar y generan instancias, procesos y dispositivos para vivenciar la democracia y la horizontalidad en las relaciones dentro de la vida escolar. También el de educadores que asumen propuestas pedagógicas como la educación popular e incorporan un conjunto de estrategias tales como la construcción colectiva de conocimientos y el diálogo de saberes; o poblaciones organizadas como los pueblos indígenas del cauca que cuestionan el carácter colonial y discriminador de la educación predominante y asumen una “educación propia”, inspirada en sus propias cosmovisiones y visiones de futuro compartidas. Con lo expuesto, queda claro que la comprensión y discusión en torno a la innovación educativa está abierto, y que quienes empiezan a reconocerse como educadores innovadores o investigadores en este campo, sientan la necesidad de reflexionar sobre los sentidos, modos y alcances de sus modificaciones curriculares, didácticas u organizacionales, así como su potencial en la construcción de conocimiento y pensamiento pedagógico. Solo en este caso, estaremos haciendo el tránsito de las innovaciones educativas a la innovación pedagógica, entendido lo pedagógico como una producción sentidos y acciones educativas, basadas en una reflexión y sustentación epistémica, en una fundamentación de las orientaciones y en una conceptualización de las prácticas innovativas. Eventos como el Congreso Internacional: Desafíos de la innovación educativa, son una excelente oportunidad para ello, como en efecto lo fue en esta primera versión. Por un lado, porque permitió el encuentro y la convergencia de diferentes actores y procesos innovadores, que se expresó en los diálogos informales y formales que se dieron durante el evento; ello posibilita reconocer el campo de problemas, intenciones y preguntas que confluyen en las acciones innovativas, así como el reconocimiento de las diferentes alternativas, metodologías, recursos y efectos que generan. Por otro, porque contribuyen a la formación de redes permanentes de innovadores, desde las cuales construir plataformas más potentes para la reflexión y producción de conocimiento sistemático en torno a la innovación como campo de interés pedagógico. Finalmente, estas confluencias y tejidos generados en el congreso amplían los alcances de la innovación educativa y contribuyen a la creación de nuevas realidades educativas más pertinentes con los desafíos que nos plantea nuestras actuales realidades sociales y culturales.

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